¿Cómo Freud pensaba la sexualidad? I

El término de psicosexualidad -comúnmente dicho sexualidad-, tal como es aplicado por los analistas, comprende un grupo de fenómenos más amplio que los afectos y actos relacionados evidentemente con la union de los órganos genitales. La sexualidad incluye la genitalidad, pero también abarca todos los restantes aspectos de la vida a los cuales suele aplicársele el término de amor: la amistad, los ideales, el cariño entre padres e hijos, el amor hacia las abstracciones, el amor así mismo, etc.; y, por fin, todas las sensaciones corporales agradables. Por otra parte, la más difundida aceptación que el uso suele dar a la palabra “amor” también implica que amamos cuando nos procura placer o cuanto sea esencial para nuestro placer. La característica universal de la “sexualidad”, tal como se la comprende en psicoanálisis, reside asimismo en el placer, ya sea potencial o realizado, sensual o afectivo, que ofrece al sujeto.

Según comprobó Freud en sus primeras investigaciones, los deseos y recuerdos inconscientes que intervienen como factores causales de los trastornos neuróticos siempre están relacionados con alguna frustración de un deseo sexual o un deseo hostil, advirtiéndose también que el amor y el odio aparecen tan estrechamente unidos entre sí, que resisten a toda consideración aislada. En efecto, se odia al rival, verdadero o imaginado, ante un objeto de amor, o bien al objeto amado que se niega a satisfacer los deseos.

Aunque el descubrimiento de su etiología básica puede requerir trabajo de escucha al paciente, por lo general es posible establecer, la concomitancia de los problemas neuróticos con las disfunciones sexuales, la mayor parte de neuróticos describirán por sí solos. los azares de su vida consciente. Cuando no refieren sus preocupaciones por la masturbación, se quejan de impotencia, frigidez, orgasmo deficiente falta de seguridad ante el sexo opuesto, excesiva vergüenza o incapacidad para satisfacer las necesidades sensuales tanto cariñosas con un mismo compañero permanente.

Las contribuciones de Freud al conocimiento de la sexualidad inconsciente comprenden fenómenos propios del adulto como del niño. Antes de considerar estos se expondrán cuatro hechos que son característicos de la sexualidad en cualquier época de la vida: la bisexualidad, la ambivalencia, la sublimación y el desplazamiento.

Bisexualidad.

Freud demostró que las pulsiones sexuales de los seres humanos, como los órganos de los embriones, son bisexuales. Ningún hombre está desprovisto de algunos poderosos deseos femeninos, y no hay mujer que no presente algunas tendencias masculinas, ciertos deseos deseo hombre, aunque por lo general tales “inclinaciones homosexuales” latentes sean repudiadas por la conciencia. con gran frecuencia esta “bisexualidad” inconsciente es un factor decisivo en los trastornos genitales. Así, los análisis de mujeres incapaces de llegar al orgasmo demuestran que esa disfunción obedece al siguiente pensamiento inconsciente: “Aunque amo a mi marido, también le odio, porque tiene un órgano que yo no poseo”. Muchos casos de impotencia masculina curan al prestarse adecuada expresión consciente a la envidia inconsciente que les inspira la función femenina de la maternidad.

Ambivalencia.

La segunda contribución de Freud al estudio de la sexualidad es el descubrimiento de que en el inconsciente muchas veces coexisten impulsos de amor y de odio hacia una misma persona, por más que uno u otro de esos impulsos sea negado conscientemente. Freud adoptó en término de ambivalencia, que había sido propuesto por el psiquiatra suizo Bleuler. Por lo general se puede comprobar que la ambivalencia adquiere sin ser ley, en aquellas personas que siempre necesitan tener dos amantes. En tales casos, el objeto original del amor también es odiado inconscientemente, y su duplicación afectiva en otro (o en otra) amante permite dirigir todo el odio hacia uno de los elementos de la pareja, mientras que el otro es conscientemente amado. Si en esta situación se rechaza o se pierde a la persona odiada, reaparece la situación previa de amar y odiar al mismo objeto, repitiéndose la serie de hechos. Freud señaló cuan frecuentemente tal ambivalencia fundamental permite comprender la vida de mujeres que no soportan el matrimonio con el primer marido, pero que, después de reñir sin cesar con éste, llegan a ser, una vez obtenido el divorcio, esposa satisfechas en su segundo matrimonio sin exhibir excesivo odio.

Sublimación.

Freud aportó su tercera contribución trascendental al exponer las relaciones inconscientes que guardan los deseos sexuales obvios con muchas actividades de la vida. En repetidas ocasiones comprobó que los impulsos a realizar, crear y gozar experiencias de índole artística, recreativa o útil, no son sino transformaciones de impulsos eróticos. Las mismas fantasías inconscientes aparecen vinculadas a las relaciones amorosas y a las actividades artísticas o intelectuales.

La relación afectiva que muchas de estas actividades tienen con emociones insatisfechas, suele manifestarse sin necesidad de analizar las fantasías inconscientes. Tal es el caso del placer que producen los bailes de salón, del amante rechazado que escribe poesías, de las palabras con vivo e intenso contenido emocional, ya sean apasionas, tiernas, exaltadas, etc.

Las “coincidencias” como estas abundan tanto en los análisis, que sólo la más arbitraria pedantería puede permitir la suposición de que los actos amorosos y los demás placeres son sectores de la actividad humana completamente aislados entre sí. Como única alternativa, queda la hipótesis de que cierta cantidad de energía sexual, dedicada originalmente a la fantasía de una relación amorosa, puede ser dirigida hacia actividades abstractas que procuran placer estético o útil, pero no por ello manos cabal. Esta satisfacción por medio de actividades cuyo placer no requiere la presencia de otro ser humano -ya sea en la realidad o en las fantasías consientes-, se denominado sublimación.

Desplazamiento.

Consiste este en representar en la conciencia una parte o la totalidad de la primitiva fantasía inconsciente, por medio del algún sustitutivo asociado a la misma. En consecuencia es uno de los principales mecanismos que permiten representar un deseo inconsciente en la conciencia, sin que sea afectada por ello la integridad del inconsciente y la represión de la idea original. Cuando ha tenido lugar un desplazamiento, podemos “desear” conscientemente algo en nuestras fantasías, sin tener que percatarnos de la índole original de este deseo.

El desplazamiento fue descubierto por primera vez al investigar los sueños manifiestos, en cuya producción a partir de “contenido latente” desempeña primordial papel. Freud también descubrió muy pronto que el desplazamiento también puede efectuar la región del cuerpo en que se desea obtener un placer potencial.

Un tipo de gran importancia es el desplazamiento de objeto, que tiene lugar cuando la conciencia niega el amor o el odio, parciales o completos, hacia cierta persona, de modo que, permaneciendo  inconsciente el motivo original del sentimiento, esas emociones son percibidas y referidas a otra persona, que vendría a ser, por así decirlo, un estímulo “por delegación de poder” frente a tales afectos.

En otros términos, se puede aparentar amor u odio por una persona, un animal o una cosa, no sólo por lo que ellos son en sí mismos, sino también por ser “sucedáneos” de otros objetos a los cuales representan inconscientemente. El desplazamiento de objeto puede ser parcial o completo; también puede dividirse entre varios objetos, convirtiéndose una persona en objeto del amor sensual, otra, en el cariño platónico, otra, en objeto ideal, y una cuarta, en objeto del odio desplazado.

El desplazamiento de objeto que el paciente realiza con su analista se denomina trasferencia, considerándolo el motor de trabajo analítico, constituyéndolo uno de los fenómenos más notables y constantes del psicoanálisis.

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