¿Cómo Freud pensaba el inconsciente? IV

La Asociación libre.

Hugo Arce

Se basa en el principio de que en la mente humana las ideas se asocian entre si de dos maneras distintas. Una, la que rige comúnmente en el estado de vigilia, es, por así decirlo así horizontal; las ideas se asocian en series, de acuerdo a su relación lógica. Para mantener este pensamiento, que es el de tipo más consciente, es necesaria la constante exclusión de toda idea que pugne por inmiscuirse y que amenace quebrar la continuidad lógica del pensamiento horizontal. Estas ideas intrusas son conscientemente eliminadas o “reprimidas” del foco de la atención, por ser ilógicas, embarazosas, repugnantes, adversas a los ideales del sujeto o defraudadoras de su autoaprecio.

El segundo tipo de asociación de ideas es aquel en el cual los pensamientos se suceden unos a otros, no por estar racionalmente vinculados, sino por sus relaciones afectivas. Hasta cierto punto, este pensamiento también se da en la vida normal; por ejemplo, cuando un hombre odia a otro, a quien estima intelectualmente. En el estado crepuscular que por lo común reina al acostarse, antes de conciliar el sueño, las fantasías diurnas y los recuerdos pueden sucederse en una forma tan fortuita que resiste a toda ordenación intelectual. En este estado de pánico, tales ideas llevarán al sujeto a actos que no habría sido capaz de proponerse en condiciones ordinarias.

Este segundo tipo de pensamiento, al cual antes de Breuer, los hombres de ciencia habían prestado consideración, Freud lo convirtió en fundamento del método de la asociación libre.

Consiste ésta en pedirle al paciente que relaje su atención, refiriendo de la mejor manera posible todos los pensamientos que pasen por su mente, también se le invita especialmente a que, en la mayor medida de su capacidad, procure pasar por alto toda autocrítica, ya sea moral o intelectual, que pudiera inducir a exceptuar de la referencia tal o cual asociación espontánea. Pero los datos empíricos del psicoanálisis no están constituidos tan sólo por pensamientos, sino también por los gestos, las inflexiones de voz y las dificultades afectivas que surgen al comunicar las asociaciones.

Un incidente ocurrido durante una sesión analítica ilustrará con claridad el contraste entre la asociación lógica y la asociación libre. Cierto paciente criticaba el fundamento racional de una observación hecha por el psicoanalista, y para demostrarlo recurrió al siguiente ejemplo: “Si dos mujeres tienen ojos castaños, no sería lógico decir que se trata de la misma mujer; si un hombre es atropellado por un tren, y otro por un automóvil, tampoco sería lógico decir que es el mismo hombre quien ha sufrido ambos accidentes.” Se le invitó a que expresara sus asociaciones libres con  “ojos castaños”, y habló al azar de su madre y de hermana, que tenían ambas, ojos de tal tinte. Sus asociaciones con “atropellado” se referían a un viaje que su padre había hecho en automóvil, a otro del analista, en tren, y a sus fantasías de que ambos hubiesen sufrido heridas. El paciente se ajustaba con ello a un principio de sólida lógica deductiva. Al mismo tiempo, sus asociaciones demostraron que, inconscientemente, la madre y la hermana eran en efecto lo mismo que para él; es decir, que eran objeto de idénticas emociones. La prosecución del análisis ofreció múltiples demostraciones de que un elemento notable de todo su desarrollo residía en la necesidad, sentida en la primerísima infancia, de eludir una actitud de intenso amor a la vez que resentimiento por su madre. El principal método empleado para ello fue el derivar hacia la hermana  los diversos placeres que primitivamente había deseado gozar con su madre, mientras rechazaba a ésta con extrema violencia. El análisis también reveló que los hombres a quienes había hecho atropellar en sus fantasías eran, en realidad, uno mismo, en el sentido de que les dedicaba los mismos afectos inconscientes, pues odiaba al padre y al analista por idénticas razones. Así una contradicción lógica no implica por fuerza otra afectiva, y la función específica de la técnica de la asociación libre consiste; precisamente, en revelar las relaciones que, aunque ilógicas, son efectivamente decisivas. Más aun: el análisis no sólo demuestra que dos personas pueden ser una misma, sino también que la misma persona puede ser amada y odiada a un tiempo.

Además de la diferencia entre la identidad lógica y la afectiva, este ejemplo ilustra cómo el propio intelecto es aplicado para mantener las represiones, pues los argumentos lógicos impiden que las asociaciones afectivas surjan sin cesar del inconsciente.

Gracias a este método de la “asociación libre”, Freud no sólo superó los inconvenientes de la técnica hipnótica, sino que amplió también en gran medida sus conocimientos presentes sobre la etiologías de las neurosis. Ante todo, demostró que al aplicar consecuentemente la asociación libre el enfermo puede llegar a descubrir, en plena conciencia, importantes deseos y recuerdos que antes ha reprimido y que, por lo tanto, eran inconscientes. En segundo lugar, demostró que los traumas del adulto, investigados por él y por Breuer mediante hipnosis, son factores desencadenantes, y no  causas primitivas; que estos traumas frecuentemente determinan los rasgos específicos de un síntoma determinado, pero, en cambio, los factores psíquicos originales que predisponen al adulto a la neurosis y que le impiden superar normalmente tales traumas, residen en los sucesos de los primeros años de vida, en experiencias afectivas infantiles que siguen actuando con eficacia en el inconsciente.

En tercer lugar descubrió la relación que guardan ciertos impulsos y experiencias sexuales de la infancia con las neurosis y otros fenómenos de la vida adulta. Este descubrimiento le condujo inmediatamente a la investigación minuciosa de otros aspectos del desarrollo infantil, en particular, de la hostilidad que manifiesta el niño y de sus relaciones angustiosas frente a las imposiciones de la disciplina. Por último, comprobó que los motivos inconscientes no sólo pueden producir síntomas histéricos, sino también otros fenómenos, como las obsesiones, los accesos de llanto, los arrebatos de mal genio, los rasgos típicos del carácter, los sueños y los errores del habla y de acción que se manifiesta en la vida cotidiana.