¿Cómo Freud pensaba el inconsciente? II

Psicoanálisis Ciudad de México
Hugo Arce

Freud llama deseo a todo impulso que motiva un acto específico, una fantasía o un síntoma, pues aquel constituye una necesidad determinada del sujeto, aunque éste la niegue conscientemente.

Podrían citarse muchos ejemplos del actuar humano que podrían traducirse en la intervención de un deseo inconsciente para cualquiera que los observe, salvo para el propio sujeto. Así, la joven que critica con vehemencia los gustos de su amiga en punto a vestimenta, no es capaz de admitir conscientemente el verdadero pensamiento que la anima: “quisiera ser tan hermosa como ella, y la odio porque los hombres la admiran.”

Este ejemplo de deseo inconsciente -no por ello inefectivo- constituye el objeto primordial del estudio psicoanalítico. La citada joven desconoce sus celos; la razón de la ceguera frente a sus propios móviles, siempre es la misma: les resulta demasiado penoso aceptar los afectos ligados al pensamiento inconsciente, y por eso lo excluye de la consciencia. Sin embargo, aunque inconsciente, la tensión afectiva vinculada en esta idea impele al individuo a expresarla en tal forma que cumplan el doble propósito de satisfacer directamente el afecto y de encubrir su origen verdadero.

Asi, el odio a una rival se manifiesta condenando el mal gusto, en lugar de sus éxitos amorosos, el proceso por el cual las ideas desagradables son excluidas de la conciencia se designa técnicamente con el nombre de represión, denominándose racionalización al artificio intelectual que permite al sujeto explicar un acto o un síntoma inconsciente.

El psicoanálisis ha demostrado que la racionalización es un proceso secundario y que los deseos inconscientes son factores más decisivos en la motivación y en el acto humano. El estudio de sus móviles inconscientes permite demostrar que todos los actos mentales y sociales tienen una causa definida, persiguen un propósito y son “emocionalmente lógicos”, por mas irracionales que parezcan. Tales procesos no son, en sí mismos anormales. Sólo cuando las motivaciones inconscientes determinan actos o síntomas que producen sufrimiento o afectan la felicidad y el éxito  -como sucede evidentemente, en todas las manifestaciones neuróticas-, sólo entonces los deseos reprimidos, inconscientes, adquieren primordial atención de escucha.

En general, los deseos inconscientes no se manifiestan con tanta claridad como en el ejemplo citado, ni suelen ser advertidos por el propio sujeto o otras personas. Es entonces cuando, para descubrirlos, debe recurrirse a la técnica psicoanalítica.

Como resultado de sus investigaciones sobre las neurosis, especialmente la histeria y, más tarde, las neurosis compulsivas y obsesivas, Freud descubrió que los móviles decisivos del pensamiento y del acto humano son inconscientes con gran frecuencia.

Dejamos para su deleite la película “Misterios de un alma” (en alemán: Geheimnisse einer Seele) es una película muda dramática dirigida por Georg Wilhelm Pabst en el año 1926. Abarcando temas de las teorías del psicoanálisis de Karl Abraham, Hanns Sachs y del inconsciente de Sigmund Freud.